Querido gato:
Querido, porque es una verdad universalmente reconocida que el amor es un sentimiento pegajoso, difícilmente se va y nunca conforme a nuestra voluntad. Entiéndeme, Paichon, no es que yo no quiera quererte. Es que quererte se me hace muy difícil.
Para ser el segundo gato del que me enamoro (de verdad que no quiero saber el número de gatas que habrán pasado por tu cama) la vida contigo no ha sido fácil. Nunca he tenido problemas con los de tu especie. Hasta ahora.
Eres egoista, vago, travieso, a veces más pesado que una vaca en brazos. Siempre quieres que esté pendiente de ti y resulta asfixiante tu calor en pleno verano.
Pero Paichon, todo esto serían naderías de no ser por tu molesta manía de despertarme mordiéndome las pantorillas.
A la hora de dormir te atrincheras debajo de mi almohada, con la promesa en tu mirada de que no volverá a suceder, con tus ojos de gato bueno, gato amable. Pero noche tras noche tu comportamiento me decepciona. ¿Te estoy pidiendo demasiado? ¿No crees que sería mejor que habláramos sobre este tema y me pidieras lo que te puedo dar? Me adaptaré, te lo prometo.
También resulta un problema tu recalcitrante manía de acecharme tras las esquinas, las puertas, las cajas, las sillas, las alfombras, el sofá, el w.c, el cubo de la basura, las cortinas y cualquier pieza de ropa limpia que haya sobre mi cama. La sensación de un cuerpo peludo de 6 kilos cayendo sobre mí no me resulta agradable. Sobre todo cuando ese cuerpo viene acompañado, no de amorosos ronroneos, sino de garras y dientes.
Ah, por cierto, aprovecho para pedirte que dejes de comerte las asas de todo lo que hay en esta casa que tiene (o tenía) asas.
Son las tres de la mañana, Paichon, tengo un mordisco en la pantorrilla izquierda y los ojos como platos.
En serio, ¿hay alguna de que tú y yo nos entendamos? ¿Crees que serías capaz de dejar de tocarme los c*****s, gato de m****d?
Con cariño,
Ver.
............................................................................................
Querida Amita:
Los psicólogos, véase Lucien Auger ''Psicoterapia por medio de la razón'', página 73, están de acuerdo en que los acontecimientos del desarrollo infantil marcan de por vida el comportamiento durante la madurez. Es decir, amita: a mí siempre me servían el postre en el último lugar. Habiendo crecido con la idea no realista de inferioridad, no sé comportarme de otra manera en la vida que no sea pensar en mi bienestar en primer lugar. Soy así, me gusta morder pantorrillas con alevosía, aprovechando la nocturnidad. Entiendo tu frustración conmigo, pero no me hago responsable de las incomodidades que te pueda causar. Es más, sabiendo que tienes una obligación moral con mi gatunidad aprovecharé cualquier pantorrilla que se me presente para satisfacer mis deseos. Ante tu situación de malestar sólo te puedo decir que la vida es maravillosa. La vida está llena de slogans que pueden mejorar tu ánimo y darte fuerzas para seguir adelante. He aquí algunos de los mantras que te puedes repetir a ti misma (ya sabes que todo es una cuestión de visualización):
Los gatos merecen ser amados.
La vida puede ser maravillosa.
No hay gato imposible, sino amitas impacientes.
Es que yo soy así.
Nada más, sólo desearte muchos años de feliz vida.
Siempre tuyo,
Paichon.