Cuando mis dedos acarician a su antojo, tu cabeza y tu lomo elástico, y mi mano se embriaga con el placer de palpar tu cuerpo eléctrico, veo a mi mujer en espíritu; su mirada, como la tuya, amable bestia, profunda y fría, como un dardo hiende y corta, y, de los pies a la cabeza, un aire sutil, un peligroso perfume, flota alrededor de su cuerpo moreno.

¿Qué vas a sumergir en sus hermosos ojos? ¿Whyskas líquido avinagrado?
ResponderEliminarOye, que suelo tan bonito y brilloso.
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